Fisio, Fisio, Fisio

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Karlos Tomás

01 JUL

Fisio, fisio, fisio

Etapa 06. Guía de Mrs White Project

El movimiento siempre ha formado parte de mi vida.

Desde muy joven, el deporte ha sido mi forma de expresarme, de canalizar, de vivir. He practicado toda clase de actividades físicas a lo largo de los años. El movimiento siempre fue mi refugio, mi pasión, y también mi lenguaje.

Justo antes del accidente, estaba atravesando un momento muy peculiar. Empecé a experimentar percepciones internas muy intensas, casi paralizantes.

Como persona altamente sensible (PAS), esas sensaciones eran aún más intensas y difíciles de manejar. Era como si mi cuerpo estuviera emitiendo señales que no sabía interpretar.

Para canalizar esa sensibilidad tan elevada, decidí empezar a trabajar con un entrenador personal. Durante tres meses, entrenamos juntos con un enfoque muy profundo, buscando conectar cuerpo y mente, ganar fuerza, soltar tensiones y entender esas sensaciones.

Pero entonces, llegó el ACV.

Después del accidente cerebrovascular, ni mi cuerpo ni mi mente entendían lo que estaba ocurriendo. Aun así, y pese a todo, el cuerpo humano está diseñado para memorizar todo lo que le sucede segundo a segundo. Cuando mi prima Lurdes, fisioterapeuta me explicó esto, me aferré a ese principio natural como una tabla de salvación para sobrellevar cada día.

Fue extremadamente duro y doloroso comprobar que mi cuerpo no respondía a lo que mi mente le pedía. Una vez fuera de la UCI, el séptimo día me tumbaron en una camilla e intentaron incorporarme por primera vez. Al decimoctavo día logré sentarme con ayuda de K y una enfermera. Al día siguiente, el decimonoveno, pude levantar ligeramente el tobillo izquierdo.

Superar esa primera etapa fue crucial. Pero también fue muy dura. Una noche, intentando ir sola al baño, me caí desde la cama. No podía comunicarme ni explicar lo que me pasaba, y una enfermera del turno nocturno decidió atarme para que no pudiera moverme. Justo lo contrario de lo que necesita una persona que está intentando reconectar con su cuerpo tras un ACV.

Una vez en casa, comencé mi propia terapia, rodeada del amor y la ayuda de mi hijo Iker, de K, y de Lurdes. Ellos me corregían cuando mi cuerpo perdía el equilibrio, la coordinación o la sensibilidad. Con ellos empecé a reconquistar el movimiento.

Después me acompañó una fisioterapeuta del Instituto Guttmann, una exbailarina que me enseñó a estirar con conciencia, usando la barra de danza como apoyo. Trabajábamos desde los pies hasta la cabeza, cada uno desde sus propias limitaciones, buscando siempre el equilibrio.

Durante toda la rehabilitación he pasado por distintas fases, pero hubo algo que nunca abandoné: el movimiento.

De una forma u otra, siempre encontré la manera de seguir activa: micromovimientos, ejercicios acuáticos, rutinas de fitness, incluso movimientos oculares. Aunque fueran pequeños, me ayudaban a sentirme viva.

A los seis meses de mi ACV comencé a introducir actividades más deportivas: básquet, tenis, pádel, pickleball… cualquier ejercicio que me ayudara a notar mi lado izquierdo. Aunque mi sensibilidad era muy baja, alcanzaba a percibir lo justo para seguir.

Y cuanto más entrenaba, más sentía.

Era como pelar una cebolla capa por capa: cada pequeño avance en la percepción parecía desvanecerse al día siguiente, como si mi cuerpo olvidara lo aprendido. Pero no era así. Sí que había progreso.

Lo que pasaba es que era tan sutil, tan lento, tan invisible desde fuera… que a veces era desesperante.

También me acompañaron en distintas etapas fisioterapeutas de la seguridad social, varias osteópatas y, en la actualidad, Pier Angely Fandiño, mi fisioterapeuta online. Pier ha sido mi luz en este proceso de rehabilitación. Ella entiende como nadie las lesiones neurológicas… porque también vivió un derrame cerebral.

Pier y su equipo han sido y siguen siendo mi faro. Sin su guía y sin su mirada empática, no sé si habría llegado hasta aquí.

Es un proceso largo. Muy largo.

Pero como decía Machado:

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.”