Propiocepción y hemiplejia tras un ACV

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Karlos Tomás

9 ENE

Propiocepción y hemiplejia tras un accidente cerebrovascular

Cuando el cuerpo se mueve, pero no siempre se siente

Después de un accidente cerebrovascular, el cuerpo no pierde solo fuerza o movilidad. En muchos casos pierde algo más difícil de explicar y de detectar: la propiocepción.

En mi caso, esta alteración fue especialmente evidente en el lado izquierdo. El movimiento existía, pero era sutil, impreciso, difícil de localizar. No era una parálisis absoluta. Mi cuerpo se movía, pero no siempre se sentía propio.

Durante mucho tiempo no supe ponerle nombre. Solo sabía que algo no encajaba.

Hoy sé que la propiocepción es la capacidad del sistema nervioso para percibir la posición, el movimiento y la fuerza del propio cuerpo sin necesidad de mirarlo. Depende de la información que llega desde músculos, tendones, articulaciones y piel profunda, y de su correcta integración en la médula espinal, el tronco encefálico y la corteza cerebral.

Cuando esta capacidad se altera tras un accidente cerebrovascular, el movimiento puede existir, pero pierde precisión, automatismo y seguridad. Aparecen gestos desorganizados, necesidad constante de mirar el cuerpo para moverse, fatiga elevada y una sensación difícil de explicar: no saber exactamente dónde está el propio cuerpo.

En la hemiplejia izquierda, asociada con frecuencia a lesiones del hemisferio derecho, la dificultad no suele ser solo motora, sino perceptiva y espacial. Se altera la conciencia corporal, el esquema corporal y la orientación en el espacio.

El cuerpo puede moverse, pero no se reconoce con claridad.

En mi experiencia, esto se manifestó en gestos muy concretos. Uno de los más claros fue no poder colocarme una espinillera dentro de la bota de una bicicleta estática durante los primeros meses. No era falta de fuerza. Era falta de referencia corporal. Mi pierna izquierda no “sabía” dónde estaba.

La propiocepción no actúa sola. Funciona en red con la visión, el sistema vestibular, el tacto profundo y la planificación motora. Cuando una de estas vías falla, el cerebro intenta compensar con otra, generalmente con la vista. Esa compensación constante genera un enorme desgaste cognitivo y emocional.

Sin propiocepción:

  • caminar es inseguro
  • el equilibrio es frágil
  • cada gesto requiere atención consciente
  • aparece miedo al movimiento
  • aumenta el riesgo de caídas

Por eso, trabajar la propiocepción no es un complemento, es estructural.

Recuperar no significa solo volver a mover el cuerpo, sino volver a reconocerse dentro de él.

La propiocepción no vuelve de golpe. Vuelve por fragmentos, con avances irregulares, con días buenos y días malos. Esa irregularidad no es un fracaso. Es neuroplasticidad. 

Si puedes, anda descalza por la tierra o hierba, apoya bien la planta del pie, siente siente los tobillos y percibe todas tus sensaciones. 

El grounding y la propiocepción pueden ser unos buenos aliados en tu rehabilitación.